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TOULOUSE LA CIUDAD CASTIGADA

HISTORIA DE LOS CÁTAROS: CRUZADA CONTRA LOS CATAROS

TOULOUSE LA CIUDAD CASTIGADA

Pocas veces en la historia de la humanidad se ha organizado una cruzada tan sanguinaria y cruel, como la sufrida por los cátaros

La cruzada anticatara debía mucho al siniestro Simón de Montfort, por la gran furia y crueldad mostrada hacia esta ciudad, por lo que la Iglesia al frente del papa Inocencio III, convocó el IV Concilio Ecuménico de Letrán, en noviembre del año 1215, al que se consideró a Montfort como un personaje, católico, noble y valiente. No obstante los trovadores no pensaban lo mismo de Inocencio III, sobre todo el poeta Lenau, su coetáneo, dedicándole estos versos nada favorecedores:

Ante Cristo en la tranquilidad de la noche / se arrodilla Inocencio y reza en voz alta; / ¿siente, tal vez, horror ante el silencio / que ha hecho reinar sobre este mundo? / Eleva su mirada a la imagen de Dios, / cuyo amor y dulzura le horrorizan. / mientras piensa en lo que ha hecho, / en su forma sangrienta de guiar el mundo…

Sin duda la arrogancia de Simón de Montfort no tenía límites, habida cuenta que a demás de sus propios títulos ya adquiridos debian sumarse a los ya arrebatados de Raimon VI, con la pérdida de Toulouse. Pero llegó a oídos del concilio de Letrán por medio de los informadores el haber comentado y propalado refiriéndose a Amalric que este le debía mucho agradecimiento a (Montfort) todo lo que era, incluso atreviéndose a decirle: “sabed eminencia que a partir de hoy sois mi vasallo”, respondiendo este: ¿verdaderamente sire, os creéis lo que acabáis de decir?. Arnau Amalric ante estas muestras de soberbia, sin mas tardanza, anuncio a los prelados mas importantes del Cister, la excomunión inmediata de Montfort, por lo que el mismo Inocencio III, tuvo necesidad urgente, en mediar ante la creciente rivalidad de estos dos personajes, incluso el rey de Francia Felipe Augusto, dispuso que Simón de Montfort fuera el personaje influyente en el Languedoc, tenerlo así bajo su custodia, por ser el galo y ferviente partidario del monarca, asegurándose de este modo la unificación tan deseada, de toda Francia, bajo un solo cetro. Felipe Augusto licenció a la mayor parte de sus tropas, apartando diplomáticamente a Amalric, acabando así con la pugna sobre Toulouse y toda la comarca.

Aun en la apariencia de un territorio pacificado, Raimon VI, consiguió un ejército el cual clamaba venganza por los acontecimientos de Toulouse, dirigiéndose hacia Aviñón , aunque los Perfectos no podían tomar parte en las luchas que se avecinaban, si dieron consentimiento a estos preparativos guerreros, cuyas tropas rodearon Beucaire, donde se encontraba Simón de Montfort, el encuentro fue feroz y sanguinario, mostrando esta vez la crueldad de los cataros, puesto que el lanzamiento con las catapultas se fue alternando con piedras, así como multitud de miembros amputados de los prisioneros en su poder.

Simón de Montfort, logró huir de Beucaire, dirigiéndose hacia Toulouse, esperaba ser recibido con todos los honores y alegrías de las gentes, pero se encontró con barricadas impidiéndole el paso hacia la fortaleza, que intentando destruirlas con fuego, pero la reacción fue contundente, al salir por todas partes una multitud armada con guadañas, hachas, estacas y todo tipo de armas, teniendo que volver a huir Montfort, refugiándose en Narbona. Todo ello resultó ser un resurgir de las fuerzas cataras, que los cruzados no esperaban, escapando a las matanzas como pudieron, lo mas humillante de todo para Montfort, fue enterarse de la recuperación guerrera de Raimon VI, al mismo tiempo que su hijo Raimon VII ocupaba Toulouse. Simón de Montfort que a duras penas pudo recuperar un arrabal de la ciudad, estando en la iglesia y en el momento de la consagración, comenzaron a caer sobre el templo grandes piedras, Montfort, entre sus hombres que le abandonaron aterrorizados y las maldiciones que profirió, salió a la plaza con el ánimo de organizar el ataque a la ciudad, pero una piedra lanzada desde un pedreñal servido (según cuenta la leyenda) por mujeres y niñas, fue a impactar en su cabeza, destrozándole no solo el yelmo sino el cráneo, dejándole irreconocible. Los habitantes de Toulouse, una vez conocida la noticia de su muerte, prorrumpieron en gritos de júbilo, acompañados del tañido de todas las campanas de la ciudad.

Los cataros momentáneamente recuperaron el dominio de la situación, reconquistando las ciudades perdidas a manos de los cruzados, con un cruento asedio sobre Aviñón (igualmente reconquistado). Los católicos tras la sorpresa de la rápida recuperación catara, y al mando del senescal Humbert de Beaujeu, iniciaron una contundente respuesta, por otra parte desconocida en la Edad Media, que fue bautizada como “guerra singular”, esto es, un castigo en todos los frentes del Languedoc, cosechas incendiadas, destrucción de puentes y molinos, ganados envenenados, ríos cambiados de curso, destrucción sistemática de aldeas enteras, grandes pajares o edificios importantes igualmente quemados, con la aparición de salteadores de caminos, aterrorizando y haciendo muy difícil la vida a las gentes.

El coste en muertes fue pequeño, pero en lo material, enorme, suponiendo, hambre, enfermedades, que junto con la imposibilidad de recuperar lo perdido, significó el buen resultado de estas tácticas, ocasionando la rendición de Raimond VII. No fue esta capitulación a la manera tradicional, como seria la rendición de Toulouse, con toda la pompa en la entrega de estandartes y armas, sino por medio del Tratado de Meaux-París, en el año 1229, entre Raimundo VII y el rey de Francia, dejando a toda la importante región de Toulouse bajo el dominio francés, poniendo con ello fin a la independencia del Languedoc, obligando a Raimond adherirse a la causa católica, no sin antes presentarse ante la Catedral de Notre Damme de París a título de penitente, flagelándose mientras ascendía por las escalinatas del templo.