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REACCION DE LOS CATAROS CONTRA SUS ENEMIGOS

HISTORIA DE LOS CÁTAROS: LA PERSECUCION DE LOS CATAROS

REACCION DE LOS CATAROS CONTRA SUS ENEMIGOS

Los cátaros como tantos otras herejías fueron perseguidos, pero con mas ahinco por el gran peligro que suponía hacia sus perseguidores.

Los terribles métodos de la Inquisición, propiciaron muchas reacciones por parte de los cataros, o bien por sus seguidores incondicionales. No había posibilidad legal en la defensa de los acusados como herejes, al existir testigos de cargo, ya que los inquisidores encubrían a estos en el conocimiento del acusado, ocultando deliberadamente su identidad, dándose con frecuencia el caso de algún enemigo personal del mismo, que al denunciarlo, quedaba oculto el auténtico motivo de tal delación, envidia, venganza sobre litigios de tierras, u otros motivos de desavenencias.

Ocurrió que celebrándose una misa solemne por unos dominicos de Toulouse, con motivo de la canonización de Domingo de Guzmán, uno de los impulsores de la Inquisición, y al lavarse estos las manos en el refectorio, un espía les cuenta que cerca del lugar conocían a una anciana muy enferma, que iban a administrarle el “consolamentum” de los moribundos; Por lo que un obispo, creyó oportuno “rescatar su alma”, dirigiéndose todos los oficiantes hacia el lecho de la mujer, aceptándole ésta su visita, al comunicársele que sería un Perfecto cataro, por lo que la anciana aceptó convencida, dicho obispo le dijo que venía a confesarla, por lo que ella comprendió pronto su error al permitirle su comparecencia, quejándose el haberla engañado, diciéndole el obispo, que era católico, exigiéndole la creencia a esta fe, le contestó… yo solo creo en una fe menos sanguinaria que la vuestra monseñor, y con el último esfuerzo de aquella anciana, expiró. Los obispos enfurecidos la sacaron del lecho y sin respetar el velatorio, se la llevaron a un prado, en donde quemaron su cadáver, tras lo cual se dieron un magnífico festín, dando gracias a Dios y a Santo Domingo, por el escarmiento realizado.

Estos acontecimientos y en reflejo del ambiente de la época el trovador Bernard Sicard de Marvejols plasmó todo ello en el siguiente poema:
Una gran angustia / me impulsa a escribir un serventesio agudo. ¡Dios! Qué podría decir al conocer el tormento, / los tristes pensamientos que me asaltan…/ Se esfuerza cada uno por ser peor que su vecino, / y destruyen todo sin importarles deshonrarse a sí mismos… / ¡Ay, Toulouse y Provenza! ¡Tierra de Argence, de Béziers y de Carcassonne! ¡Como os veo y lo hermosas que os he visto!...

A pesar de los terribles acontecimientos propiciados por la Inquisición, tan temida como odiada, no faltaron quienes se enfrentaron a esta institución, perpetrando actos contra miembros inquisitoriales. En Cordes hacia 1233, los pobladores de esta ciudad lanzó a dos de ellos a una fosa, en donde actualmente se colocó una placa conmemorativa de este hecho. Un año después en Albí, recibió una enorme paliza el inquisidor Arnaud Cathala, por pretender exhumar a una dama, con el fin de quemarla. En la ciudad de Moissac fueron quemadas en la hoguera 200 personas, aunque una de ellas logró huir en el último momento, siendo ocultada por los monjes de la abadía de Belleperche, al hacerse pasar por uno de ellos. En Toulouse el año 1235 sus habitantes echaron de la ciudad a varios inquisidores, los cuales venían acosando a varios nobles y personajes importantes, lo mismo hicieron con el obispo y todos los dominicos.

El papa quiso acabar con estos acontecimientos de forma radical, pero desaconsejado por Blanca de Castilla, la cual temía una revuelta popular. Se consiguió con ello el cese de las expulsiones, a cambio de no seguir acusando a otros inocentes.

Aun a pesar de la intimidación ejercida hacia los simpatizantes de los cataros, por presiones de la Inquisición, en contraposición los “buenos hombres” se constituyeron en unos buenos organizadores, burlando a sus perseguidores. Encontrando los cataros numerosos hogares ofrecidos por los lugareños, grutas inaccesibles, cabañas de leñadores, aun conservadas actualmente en el Alto Ariège, como en Bouan. Aprovechando la noche y al aire libre para sus prédicas, protegidos por, gentes armadas y caballeros bajo la consigna de no desvelar el lugar de las reuniones, sino hasta el último momento. Gracias a todo este aparato anti-persecutorio, debido a la conservación secreta de fondos monetarios, que les permitía viajar, repartir escritos e incluso pagar ayudas y complicidades, como en el caso del obispo cataro Bertrand d’En Marti, al ser detenido en 1.237 entregando 300 sueldos de Toulouse a sus carceleros, con el fin de poderse evadir.

Contaron igualmente los cataros, dos lugares donde los cruzados no se atrevieron nunca a invadir, uno fue Fenouillède fronterizo con Cataluña, donde los caballeros de los contornos mantenían sus continuas rencillas, guerreando. Y como no, el último reducto cataro del Castillo de Montsegur, en donde a plena luz del día los Perfectos podían celebrar sus oficios y acoger a las gentes huidas de ciudades atacadas por los cruzados.