Volver al Home de LosCataros.com

PROCESO FINAL DE LA HEREJIA CATARA

HISTORIA DE LOS CÁTAROS: LA PERSECUCION DE LOS CATAROS

PROCESO FINAL DE LA HEREJIA CATARA

Los cátaros como tantos otras herejías fueron perseguidos, pero con mas ahinco por el gran peligro que suponía hacia sus perseguidores.

La represión de los cataros causada por los capetos, conjuntamente con el papa, supuso la reorganización tanto de Europa como del cristianismo, por cuanto significó la dispersión de las dinastías locales del Languedoc pro cataras, en favor de los barones franceses alineados con la política real de Francia.

Simón de Montfort vizconde de Carcassona y conde de Toulouse, a partir del IV Concilio de Letrán, en 1215 convocado por el papa Inocencio III, en donde ya se aprecia un comienzo de reparto político a costa de los cataros.

Guillem de Castres obispo de Toulousain comienza a beneficiarse de tal estado de cosas conjuntamente con su hijo mayor Bernad de Lamothe, al serles arrebatadas a los señores de ideología catara todas sus posesiones territoriales.

Sin embargo por un breve intervalo cronológico la suerte de la causa catara pareció volver a una situación ventajosa, cuando Amaury de Montfort, fue vencido por los cataros, refugiándose en la Ille-de-France junto con el cuerpo de su padre Simón de Montfort caído en Tolosa.

Tras este periodo de bonanza para con la buena posición militar de los cataros, el rey Luis VIII de Francia, ocupa toda Occitania, bien por las armas ayudadas estas por la sumisión de Raimond VII de Toulouse, y los feudales del entorno, firmando una paz el año 1229 en Meaux y después en París, en amplia connivencia con el papado, siendo además apoyada esta firma por el rey de Inglaterra y el emperador germánico, teniendo aun si cabe mas, la ayuda de Blanca de Castilla regente del entonces infante y futuro rey de Francia Luis IX.

Como beneficiarios directos en el descalabro de la herejía catara, entran en liza un senescal de Francia, instalándose en Beaucaere-Nimes, obligando al exilio bajo estas circunstancias a Trencavel hacia tierras de Aragón.

Con el sometimiento del conde de Toulouse a los cruzados, se ve comprometido en desarmar las plazas fuertes de los cataros, y obligado a perseguir la herejía catara.

Aun con el fin de reforzar el dominio del Languedoc, bajo la influencia del rey de Francia; son llevadas a cabo una serie de alianzas matrimoniales, reforzando con ello la influencia sobre Occitania puesto que es concertado un matrimonio de la única hija de del conde de Toulouse, con el hijo de la regente Blanca de Castilla, Alfonso de Poitiers, aun siendo ambos de muy corta edad, comprometiéndolos a ser los herederos, a pesar de que Raimon VII tenga ya un hijo, puesto que en caso de la muerte de estos infantes sin descendencia, el condado de Toulouse pasaría directamente a manos del rey de Francia.

Consecuentemente de todo ello, al verse sometidos o eliminados sus protectores languedocianos serian fácil pasto de la imposición papal al instaurar la Inquisición una vez más. El conde de Toulouse no obstante se empecina en establecer a su vez otras alianzas matrimoniales entre los años 1230 y 1244, en franca oposición al intento francés sobre dominio de Occitania, pero una vez más fracasa en el intento, ya que el papa está dispuesto a imponer su veto a los matrimonios propuestos, alegando consanguinidades u otros motivos. Por lo que Raimon VII consigue reunir un ejército contra las pretensiones territoriales de Francia, pero no consigue reconquistar Carcassona.

En el transcurso de varias guerras contra los cruzados, tras las derrotas sufridas en Saintes y Tailleboug, el conde de Toulouse, se ve obligado a firmar un tratado de paz de Lorris, y someterse al rey de Francia, dejando el último bastión cátaro de Montsegur a merced de los ataques del papa y el rey de Francia, calificándolos como la “hidra que debe decapitarse”, siendo el Castillo de Montsegur la fortaleza catara de gran significado tanto religioso como estratégico de los Buenos Hombres.

Una gran aportación encaminada al triunfo definitivo sobre los cataros fueron sin duda los capetos y la intolerancia dogmática de la Inquisición; en donde una vez pacificada Occitania militarmente y la subsiguiente neutralización religiosa de los cataros, la realeza se fue apoderando de todo el territorio del sur de Francia, bajo las influencias predicadoras de las órdenes mendicantes, los dogmáticos tomistas, así como la escolástica de Aristóteles, tan influyente esta en toda la Alta Edad Media.

Las órdenes mendicantes y aunque dándose casos puntuales alguno de sus miembros pudo caer en la herejía, por lo general todos ellos apoyaban la idea del dominio político y religioso, tal y como esa filosofía era reflejada por los cluniacenses y cistercienses, aspirando tanto a una universalidad y unión de los fieles sin fronteras, siendo un evidente reflejo en toda la Edad Media.

El mismo tomismo de Santo Tomás de Aquino confiere la idea a una unidad religiosa predicada precisamente por Santo Domingo de Guzmán, por lo que todo ello y lo anteriormente dicho, sirvió en gran manera a la unión de la Iglesia romana, tras el descalabro de la herejía catara, y partiendo de las bases religiosas que conculcó Santo Tomás, la única dirección por la cual se rechaza toda oposición, considerado heréticas todas aquellas ideas que no fuera bajo las premisas dogmáticas de la Iglesia Romana.

Por medio de esta universalidad religiosa se pretendió y se consiguió dar carpetazo de una vez por todas, al monofisismo predicado por la herejía catara.