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PEDRO I EL CATOLICO

HISTORIA DE LOS CÁTAROS: PROTAGONISTAS EN LA CRUZADA CONTRA LOS CATAROS

PEDRO I EL CATOLICO

Personajes importantes que se vieron involucrados en las luchas contra los cátaros

Pedro El Católico, I de Aragón y Condado de Cataluña, nacido según algunos autores en Tarragona, y otros en Huesca, entre el año 1175 y 1178, hijo de Alfonso II de Aragón, llamado “El Casto” y Sancha de Castilla y Polonia.

Según los trovadores provenzales de Occitania, era el rey Pedro, hombre gentil, caballero valiente y arrogante, buen amante de las mujeres, como arrojado guerrero, que no titubeaba ante el enemigo o cualquier refriega en el campo de batalla, uno de sus admiradores y gran difusor de sus hazañas, fue el trovador Ramón de Miravall, señor del castillo de Miravall.

Pedro el Católico, resultó ser gran defensor de la Reconquista, y uno de los organizadores en la Batalla de las Navas de Tolosa, contra los almohades, a los que venció con la ayuda de diversos reinos en la España de la Edad Media.

Inocencio III, lo coronó en Roma en el año 1204, haciéndole feudatario junto con los reinos de Aragón y del Condado de Cataluña, pagando tributo al papa, nombrándole también su alférez, y concediéndole el título de “El Católico” por su defensa hacia la Iglesia romana.

Tuvo no obstante su primera controversia con Inocencio III, al pretender anular su matrimonio con su mujer María de Montpelier, con la cual sus relaciones eran del todo pésimas, y la decisión de casarse con María de Montferrat, con la cual ya tenia planes de boda, contando que el papa anularía su matrimonio anterior, pero la oposición de Inocencio III fue total.

Mientras tanto Simón de Montfort, en la cruzada contra los cátaros, una vez caída la ciudad de Beziers y Carcasona, por la que es nombrado señor de esas plazas, pretende ser admitido en homenaje por el rey Pedro, el cual lo rechaza, al sentirse inseguro en sus posesiones del Languedoc, percibiendo a Simón como su competidor, este para llevarlo a su terreno se apodera del hijo de Pedro II (el futuro rey Jaime I) llevándolo a Carcasona.

Pedro II se dirige a Roma entrevistándose con el papa, en protesta con la amenaza de los cruzados hacia la persecución de que son objeto los cátaros, a los que considera sus vasallos, acto seguido entra en la ciudad de Carcasona con sus tropas, por lo que sus habitantes se llenan de entusiasmo creyendo ver en el rey de Aragón, la liberación, pero Pedro el Católico, no se compromete a nada en este sentido, limitándose a recriminar a su cuñado el no haber expulsado a los cátaros de la ciudad, dejando un sentimiento desilusionado de su visita, por lo que el rey entristecido da la vuelta con su gente, después de abrazar y besar a su cuñado, saliendo de Carcasona, dejándola a merced de sus enemigos cruzados, no obstante se organiza la salida de sus habitantes a través de los pasadizos secretos hacia el exterior, por lo que los cruzados, entran en Carcasona casi sin resistencia encontrándose con una ciudad vacía.

Por otra parte una embajada tolosana, regresa de Roma con una bula papal, con el fin de dejar libre del castillo de Tolosa, a su legado el Abad del Cister, todas estas acciones de uno u otro bando llegan a ser muy confusas, como la formación de una legación cristiana comandada por los arzobispos de Arles y Narbona, otra de obispos de Avión, Magalora, Tolosa y Orange, enviando un ultimátum conminando a la rendición de Tolosa y la consiguiente entrega de todos los cátaros existentes en la misma, noticia esta que tanto su señor Ramón VI y el mismo rey Pedro rechazan totalmente, seguidos de la firme voluntad de toda la población en resistir a los cruzados.

En enero del año 1213, el conde de Foix Ramón Roger jura vasallaje a al rey Pedro II, mientras de Fanjeaux salen las tropas de Simón de Montfort, hacia la ciudad cátara de Tolosa.

El rey Pedro, aun su fuerte sentimiento religioso para con los cristianos, ve en la cruzada contra los cátaros, un ataque directo hacia sus vasallos a los que ha de defender, y sobre todo su interés en mantener su estatus sobre el Languedoc, la llave imprescindible en el dominio Catalano-aragonés del sur de Francia, que el rey Felipe II Augusto tiene intención de arrebatarle.

Simón de Montfort, con solo 500 hombres se enfrenta al rey Pedro, que a pesar de su inferioridad numérica, tanto en preparación y experiencia de sus guerreros sobrepasa en mucho a las del rey, que con 5000 soldados, menos habituados a la guerra, además de una organización deficiente. Pedro muy seguro de su superior contingente de tropa y del triunfo de la campaña, se pasa la noche en su campamento, celebrando de antemano la victoria, y disintiendo con Ramón VI el orden de batalla, prefiriendo atacar en campo abierto, permitiéndose además desatender sus obligaciones religiosas, ocupándose en el pasatiempo favorito, de yacer con la concubina de turno.

Simón, en cambio trascurre la noche rezando por el buen fin de la contienda, planeando la muerte del rey Pedro al primer encuentro, pretendiendo atacarlo por un grupo escogido de guerreros, sabiendo por sus espías que Pedro se encontrará, en contra de su costumbre, al frente de su tropa.

El rey Pedro I, no admite otras opiniones que las suyas con respecto a la organización del ataque, divide a su ejército en tres cuerpos, el 1º comandado por Guillem de Cantras y Guillem de Barres, el 2º lo dirige Bouchard de Marly, a la cabeza del 3º se coloca el mismo rey Pedro I, junto con el Conde de Foix y su hijo Roger Bernat.

El choque entre los dos ejércitos es brutal, sin ninguna compasión por ninguno de los contendientes, cruzados o cátaros, los cátaros se baten sin ningún orden, cada uno por su cuenta y riesgo, el grupo que Simón ha designado para matar al rey Pedro, lo rodean junto con sus hombres al primer encuentro, donde un tal caballero Alain de Rovery, derriba al que cree ser el rey Pedro II, diciendo seguidamente,”este no puede ser el rey, el rey es mejor caballero” y oyéndolo Pedro, en un alarde vanidoso le responde “el rey está aquí”, se abalanzan sobre él, matando al caballo, y dejando muerto a Pedro I, en el campo de batalla, despojándole de su armadura y vestidos , como a otros caballeros cátaros que le acompañaban, haciendo correr la voz Simón de Montfort por todo el campo, del fallecimiento del rey Pedro el Católico, provocando el terror y la desbandada de todo el ejército cátaro siendo casi aniquilado. El cuerpo del rey es reconocido y recogido por los monjes hospitalarios para darle sepultura.

Terminando de esta manera el sueño catalán de extender sus dominios allende los Pirineos, y acabando definitivamente con la esperanza de un Languedoc independiente del norte de Francia, por lo que el rey Felipe II Augusto, puede ya anexionarse toda Occitania, junto al resto de las tierras conquistadas por Francia.

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