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MONTSEGUR SE CONVIERTE EN HUMO

HISTORIA DE LOS CÁTAROS: CRUZADA CONTRA LOS CATAROS

MONTSEGUR SE CONVIERTE EN HUMO

Pocas veces en la historia de la humanidad se ha organizado una cruzada tan sanguinaria y cruel, como la sufrida por los cátaros

entorno donde se movían los cataros.

Los orígenes del Castillo de Montsegur, son inciertos y confusos, si bien parece ser y según el historiador Fernando Niel, del siglo XIX, podría haberse construido sobre los restos de un templo maniqueo por Guiu de Levis en el siglo XIII, siendo reedificado posteriormente por Ramón de Perella, que en referencia a la fortaleza existe la frase “ Montsegur no es un templo maniqueo, pero merecía serlo…”, lo que si es cierto, fuera de testimonios tanto históricos como legendarios, confirmando la existencia catara en la región del Languedoc.

Ramón de Perella, confió la reconstrucción de Montsegur a los diáconos Ramón Mercer de Mirepoix y Ramón Blasco en el año 1204, en realidad Ramón de Perella no era el señor de Montsegur, sino por delegación de Esclaramonda de Foix, de donde se deduce que ésta, por un manuscrito en prosa extraído de la “Canción de la Cruzada”, era la señora de Montsegur ya que la fortaleza estaba situada en los dominios de la Casa de Foix, siendo su jefe militar Pere Roger, aunque no estaba directamente vinculado al catarismo, como lo fuera su padre.

Un importante personaje, Gilabert de Castres, itinerante de otros lugares cataros, se establece en Montsegur en el año 1204, al ser ya un enclave importante para el catarismo, con la presencia de Ramón d’Alfar, que al tener contacto con los inquisidores, aprovecha esta ventaja para ir enviando correos informativos hacia Montsegur, sobre los movimientos inquisitoriales.

Ya durante el Concilio Lateranense IV (1215-1216) convocado por Inocencio III, se pedían explicaciones a Ramón Roger de Foix, por haber permitido asilo en Montsegur, a los protagonistas de los terribles asesinatos de inquisidores en Aviñonet, sobre todo estando ya en el punto de mira por la Iglesia católica, más aun cuando el papa ordenó la persecución de los cataros, y la creación a tal efecto de una cruzada anti-catara. Teniendo en cuenta además, el establecimiento de un importante centro de herejía catara en el Castillo de Montsegur, desde el cual se podía fácilmente controlar los movimientos tanto de la Inquisición como de los cruzados, creándose “una especie de capital religiosa y política de la secta”, frase esta citada por el historiador Fernando Nelie, convirtiéndose paulatinamente en un centro de acogida y refugio cataro.

Los cruzados habiendo obtenido importantes victorias contra los cataros, Carcasona, Menerba, Aviñonet, Muret, Besiers y otras muchas más, ponen sus miradas en el Castillo de Montsegur, por ser todo un símbolo cataro, y último reducto hereje que se les oponía, en desafío a la ortodoxia católica y su inexcusable desvío de los principios detentados por Roma.

Es por ello que Francia pone a disposición de Hug d’Arcis su delegado militar y jefe de la milicia en Carcasona, la organización del asalto a Montsegur.

Hug, establece su campamento a los pies de la imponente mole rocosa de Montsegur, en mayo de 1243, con 10.000 hombres, perfectamente equipados, y con toda clase de maquinaria guerrera, “gatas” para proteger a los soldados, y toda clase de catapultas. La intención de Hug es, vencer por hambre y sed a los sitiados de Montsegur, tal y como era costumbre en las guerras medievales, por lo que su rendición era cuestión de poco tiempo.

En un principio los sitiados de Montsegur, tenían la ventaja de luchar desde la altura, tener los aljibes llenos de agua, y abundante comida, pero la superioridad numérica frente al enemigo era abrumadora, al contar tan solo con 1.000 defensores, entre cataros, soldados y simpatizantes. No obstante en Montsegur, se fiaban de lo inaccesible de la montaña, veredas y caminos que desconocían los cruzados, por los cuales era susceptible de recibir ayudas de personal o vituallas.

El contingente de Montsegur lo componían, 15 caballeros con sus escuderos, sargentos y soldados hasta unos 200, bajo el mando de Pere Roger de Mirepoix, además de los simpatizantes de la causa catara, refugiados y la familia de Ramón de Perella.

Hug d’Arcis, aun la superioridad numérica junto con la maquinaria de guerra, no logró doblegar la resistencia de Montsegur hasta casi un año mas tarde, cuando los sitiados empezaron a flaquear, dadas las durísimas condiciones que hubieron de soportar, el agua se iba terminando, así como las provisiones alimenticias, contando con innumerables bajas, causadas por la misma lucha como por todo tipo de enfermedades.

Los cruzados, tuvieron la ayuda de algunas gentes de la población conocedores de la montaña, los cuales por las noches ligeramente armados fueron encontrando lugares para escalar hasta unos 20 metros de las murallas de Montsegur, estos primeros escaladores (se dicen que eran vascos), consiguieron seguidamente subir por los riscos a soldados y catapultas, que al resguardo de las “gatas” se empeñaron en excavar minas a fin de ir debilitando los gruesos muros de la fortaleza.

En este punto es cuando se habla de los supuestos tesoros que según la leyenda, los cataros iban trasladando desde Montsegur, por pasadizos y ocultos caminos a fin de esconderlos en una gruta secreta del Sabartés, término este incomprobable, ya que nunca se ha encontrado la pretendida gruta de tan fabuloso tesoro, incluido el Santo Grial, parece ser que algún cataro importante también logró escapar de esa manera.

La rendición de Montsegur se produjo en marzo del año 1244, por lo que Ramón de Perella y Pere Roger de Mirepoix, emprendieron las negociaciones de la capitulación con Hug d’Arcis, obteniendo con ello una tregua de 15 días, estableciendo una garantía previa con la entrega de las hijas casadas de Ramón de Perella, Alpaïs y Felipa como rehenes para la negociación.

Los defensores de Montsegur, dispusieron de 15 días, para organizarse de cara a la rendición, aprovechando este intervalo de tiempo, para el recogimiento espiritual. Igualmente los Buenos Hombres, repartieron sus pertenencias entre los demás, al no adjurar de sus convicciones religiosas, como tenían previsto. Los puntos establecidos para la rendición de Montsegur fueron cinco:

1 - Los defensores de Montsegur podrían disponer de 15 días para organizarse en la capitulación.
2 - Obtendrían el perdón de sus acciones (las llamadas faltas), haciendo mención de los acontecimientos de Aviñonet.
3 - Los jefes de la guarnición de Montsegur podrán salir de la fortaleza con todas sus armas y equipamientos, compareciendo ante los inquisidores, con la garantía de ser condenados a penas leves.
4 - Todos los demás resistentes de Montsegur, serán liberados, sometidos a penitencias ligeras, por medio de la adjuración de la herejía catara, en caso contrario serán condenados a la hoguera delante de los inquisidores.
5 - El Castillo de Montsegur será entregado al rey de Francia y a la Iglesia catolica.

Aceptadas las condiciones por ambas partes, el 16º día de tregua, bajaron los Buenos Hombres, Perfectos, hombres y mujeres, entre los que se encontraban importantes personalidades.

Todos ellos mezclados con los Buenos Hombres camino de una gran hondonada rellenada de piedras y leña, a la que prendieron fuego los cruzados, donde todos fueron consumidos por las llamas, convirtiéndose en humo, en el "Prado de los Quemados"