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MISIONEROS Y PREDICADORES CATAROS

HISTORIA DE LOS CÁTAROS: LA PERSECUCION DE LOS CATAROS

MISIONEROS Y PREDICADORES CATAROS

Los cátaros como tantos otras herejías fueron perseguidos, pero con mas ahinco por el gran peligro que suponía hacia sus perseguidores.

El catarismo aun siendo una original doctrina nacida en la cultura oriental seguía los principios del primitivo cristianismo, no por ello significa que fuera una ofensiva o reacción frente al catolicismo radical y dogmático de la época, sino una nueva forma de ver la religiosidad más humana, que evidentemente chocaba con una Iglesia en decadencia, muy sujeta al materialismo mundano del poder y el dinero.

En los principios de la implantación catara en el Languedoc, se caracteriza por una concepción más social de las gentes por la observancia y cumplimiento de la caridad cristiana en los principios del siglo XI, donde se practicaba la generosidad hacia el prójimo, aun de los poderosos, practicando estos la limosna, pero conservando su estatus social según la concepción del monje de Fleury (Languedoc) Helgaud, refiriéndose al ejemplo de la santidad del rey Roberto el Piadoso.

Más tarde en pleno siglo XII, existe la práctica del personaje entregado a la causa humanitaria de una forma total, renunciando a todo atisbo de riqueza o poder político, estos cristianos, digamos puros, son los ermitaños divulgando el evangelio, siempre escogiendo lugares solitarios, sin la necesidad precisamente de permanecer fijo en un paraje de la montaña o bosque, como se ha creído siempre, al contrario, vida austera y al mismo tiempo buscando nuevos espacios con el fin de atraerse adeptos a sus prédicas. Esta observancia religiosa chocaba abiertamente con la Iglesia, en su afán esta por acumular riquezas y prebendas tan contrarias al ideal primitivo de los primeros cristianos, agudizándose sobre todo tras la Reforma Gregoriana, en donde se reafirma al papado como jefe absoluto de la cristiandad, así como las pretendidas verdades irrefutables de sus dogmas, entre otros puntos importantes; Por lo que confiere a la Iglesia el poder que hasta el siglo X ostentaban los reyes en el terreno material de las posesiones feudales, como la potestad en los nombramientos eclesiásticos, dando así a la Iglesia una fuerza institucional y material, celebrada por unos y rechazada por otros, siendo motivo del surgimiento de herejías en los siglos siguientes, produciendo reacciones enervadas a muchas gentes por las predicaciones de estos ermitaños itinerantes.

Aun así muchos de estos predicadores ermitaños fueron utilizados por los papas, como sucedió con Pedro el Ermitaño, al encargarle el llamamiento de una “cruzada popular” contra los turcos, para ser divulgada entra las multitudes, con el sabido resultando catastrófico en que terminó la campaña militar; otro ejemplo más de los muchos que existieron es el del predicador Raymond Gayrad canónigo de Saint-Sernin, popularizando la imagen de Lázaro lamido por los perros.

Los cataros siguieron con el ejemplo de los predicadores itinerantes, aunque muchos de ellos se avinieron al seguimiento de una regla, por lo que estos grupos, volvieron al buen camino, según los papas y jerarcas eclesiásticos, fundándose de esta manera la Cartuja de San Bruno, la abadía de Grandmont en Lemosín, otras tantas en <Fontevrault, Anjou y Turena ...etc.

Otros predicadores no siguen el ejemplo de los “virtuosos”, dándose el caso de promover agitaciones en algunas regiones francesas, aflorando diversas tipologías de personajes singulares, los cuales se erigían a veces como la personificación de Cristo, otros profanando las iglesias, quemando cruces, incluso apaleando a sacerdotes o linchando a gentes que no seguían sus indicaciones, obteniendo algún éxito en poblaciones como Albí o Tolosa, no obstante tuvieron poco peso en el conjunto social o religioso de la época.

No es hasta el año 1145, cuando San Bernardo de la Orden del Cister, que desde hacia años estuvo recluido en el monasterio de Claraval, cuando el papa Eugenio III, antiguo monje de la Abadía, insta a San Bernardo combatir contra la herejía, apelando a las dotes oratorias del santo, el cual sale de su enclaustramiento, para cumplir con el mandato papal. Al mismo tiempo se fue generando una abundante documentación sobre las herejías del siglo XII, las cataras en particular, de cuyas noticias han llegado hasta nuestros días, también supuso una información recopilada por el papa Inocencio III, el cual alarmado por el tremendo auge en la prédica de los cataros, decide a partir de entonces, junto con sus colaboradores, iniciar una ofensiva especialmente contra ellos, constituyendo al mismo tiempo la “Santa Inquisición” como fuerza principal en la creación de la cruzada contra los herejes cataros.