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LOS CATAROS Y SAN BERNARDO

HISTORIA DE LOS CÁTAROS: PROTAGONISTAS EN LA CRUZADA CONTRA LOS CATAROS

LOS CATAROS Y SAN BERNARDO

Personajes importantes que se vieron involucrados en las luchas contra los cátaros

Los cataros en sus principios heréticos, no fueron muy bien vistos por las gentes, teniendo en cuenta sus apariciones en los comienzos del gótico, en el siglo XI y XII, donde se apuntaba el incipiente peligro que representaba para la iglesia católica, haciendo creer a la multitud lo perjudicial de sus prédicas, apoyándose en calumnias y falsas acusaciones, como podía ser el hecho de los cataros en la condenación de la procreación en si misma, en la creencia de no pocos de ellos considerando la existencia de la vida corporal como una barrera del espíritu al quedar este aprisionado por el materialismo del cuerpo, no dando valor al acto carnal y corruptible tanto en el matrimonio, como al amor libre. Ello hizo que las gentes sencillas no vieran a los cataros con buenos ojos, ya que la iglesia católica aprovechaba tales ideas a fin de propalar creencias adoracionistas hacia el diablo, haciendo hincapié a los lugareños sobre las supuestas prácticas orgiásticas y lujuriosas realizadas por los cataros a más de diversos ritos indeseables, que naturalmente no encajaban en la comprensión de las gentes del pueblo; Tampoco entendían esa doble dicotomía religiosa, sobre la existencia del bien y del mal.

En los orígenes de la herejía catara, nos hace recordar en Soisons el año 1120, donde dos campesinos hermanos Clémens y Ebrard fundaron una pequeña secta, siendo detenidos y encarcelados por el obispo, reuniéndose un concilio a tal fin en Beauvais con objeto de juzgarlos y decidir su suerte, no obstante aprovechando un descuido en su custodia, un grupo de personas del pueblo arrebata a los dos hermanos arrastrándolos fuera de la población donde los quemaron en una hoguera. Varios de estos sucesos acontecieron en Flandes, Lieja, o Colonia, donde la sinrazón de la multitud obró violentamente por su cuenta; Sin olvidarnos del los hechos lamentables de algunos predicadores llegados al Languedoc, como fue el caso de Pedro de Bruis el cual viendo el éxito de sus prédicas por el norte, tuvo la flamante idea de recoger cuantas cruces de madera cayeron en sus manos, haciendo una pira con ellas y prenderles fuego, a parte de otras varias insensateces, por todo ello Bruis es apresado al dirigirse hacia Narbona, y quemado en el año 1140.

Siguieron otros tantos predicadores, con diferentes suertes, viendo estos que el sur de Francia, era una zona propicia para la extensión del incipiente catarismo, estas herejías del siglo XI, son recogidas documentalmente gracias a los fragmentos llegados hasta nosotros, por las actas de los concilios, y varios testimonios escritos, comentarios, condenas o registros muy variados del clero católico.

Sobre la vida de los primeros cataros, entra en escena Bernardo de Fontaine (1090-1153) o Bernardo de Claraval (San Bernardo), monje cisterciense Abad del Monasterio de Claraval, el cual es llamado a fin de combatir la herejía catara que iba desarrollándose en toda Occitania, por lo que inquietaban muy seriamente al papa Inocencio III, así como a las jerarquías eclesiásticas católicas.

Las fuerzas religiosas ortodoxas se fueron movilizando ante las campañas predicadoras de los cataros, en la primavera del año 1145 San Bernando convocó en Burdeos a los obispos de Chartres y Agen para organizar una acción conjunta en este sentido. Al mismo tiempo San Bernardo se pone en contacto con el conde Alphonse-Jourdain en preocupación de la campaña de Enrique de Lausana en favor de la herejía catara, llenando la misiva de predicciones catastróficas sobre la prédica de Enrique, al negar este los sacramentos de la Iglesia, y atacándolos de forma ignominiosa, acusándoles de no celebrar las fiestas religiosas como era de precepto, dándole la mayor importancia el historiador Zoé Oldembourg a los temores de San Bernando, al que tiene por persona de buen juicio.

Se formó una comitiva encabezada por San Bernardo adhiriéndose a la misma Geoffroy d'Àuxerre obispo de Chartres, y el legado Alberico junto al obispo de Ostia. Llegaron a Toulouse a mediados del mes de junio, donde venciendo las reticencias, gracias a la oratoria de San Bernardo, el pueblo se comprometió a expulsar a los heréticos de sus tierras y los señores retirar el apoyo hacia los cataros.

En Albí los acontecimientos fueron similares a los de Toulouse, enunciando cada una de las tesis cataras las que fue refutando punto por punto, resultando un gran éxito en tales alegaciones.

San Bernardo se trasladó a Verfeil, predicando con el mismo énfasis que hiciera en Albí, pero no tuvo el mismo resultado, fracasando estrepitosamente. Dirigiéndose a la iglesia comenzó su predicación contra los cataros, afeando a los señores el apoyo hacia los herejes, habiéndoles permitido a estos adquirir gran auge en sus territorios. Los señores se tomaron adversamente y con enfado todo los que les dijera San Bernardo, abandonando la iglesia junto con toda la gente del pueblo allí concurrida, San Bernardo sin amilanarse los siguió hasta la plaza amonestándolos por la actitud de todos ellos, los cuales en protesta se encerraron en sus casas, batiendo fuertemente las puertas y ventanas estrepitosamente con la intención de apagar las palabras del predicador. San Bernardo contrariado sacudió el polvo de sus pies, marchando de la ciudad y maldiciéndola así “Verfeil, que Dios te sequo...”

Aunque el paso de San Bernardo por Occitania no obtuviera toda la resonancia que era de esperar en la lucha contra la herejía catara, al menos hizo de su presencia una alerta del peligro que para el catolicismo suponían los cataros en el futuro.

Más tarde Guillermo de Puylaurens hizo un detallado relato en la primera parte de su “Crónica” sobre los pormenores de las predicaciones de abad de Claraval, San Bernardo.