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LOS AUTIER, CATAROS EN RETIRADA

HISTORIA DE LOS CÁTAROS: PROTAGONISTAS EN LA CRUZADA CONTRA LOS CATAROS

LOS AUTIER, CATAROS EN RETIRADA

Personajes importantes que se vieron involucrados en las luchas contra los cátaros

Personajes llamativos en las postrimerías del catarismo, los representan la famosa “Leyenda de los Autier”, encarnada por Pierre Autier, nacido en 1245 ? en Ax-les-Thermes (Ariege - Languedoc) personaje de la confianza del Conde de Foix. La familia Autier formaron un grupo que tras haber vivido en Lombardía (Italia) huidos por su militancia hacia la herejía cátara, volvieron a las tierras de Foix, al objeto de comprometerse en su ofrecimiento para ayudar a los cátaros, que estaban sufriendo hacia ellos una fuerte vigilancia de la Inquisición.

Los Autier, poseían una gran influencia al ser personas cultas, las cuales aun teniendo buena situación económica, renunciaron a sus riquezas con el fin de ayudar a la militancia cátara, la cual pasaba por un periodo de resurgimiento, posterior al cataclismo sufrido, tras la conquista de Montsegur por los cruzados, y la definitiva caída de Queribus, que en cierto modo ya supuso el fin de la herejía de los cátaros. Esta situación del renacimiento cátaro, entre 1299 y 1310, puso nuevamente en pié de guerra tanto a la Inquisición, como a todos aquellos deseosos en su desaparición, poniendo muchas dificultados tanto al proselitismo cátaro, como la acción de los Buenos Hombres, que atendían las necesidades religiosas de sus adeptos.

Tenian a los cátaros en su punto de mira, los inquisidores de aquel momento, Geoffrey d'Ablis o Bernard Gui, en colaboración del gran inquisidor Jacques Fournier, futuro papa Benedicto XII (1334-1342), aunque este último no tuvo contacto con Pierre Autier. Todos ellos han dejado documentos detallados sobre los interrogatorios tanto a herejes como a testigos de una forma exhaustiva, en Lauragais o Toulouse (Tolosa), y aunque en un principio se dudaba actualmente de las fuentes de Los Autier, han sido estas comprobadas y tenidas como ciertas.

Guillermo, hermano de Pierre Autier, le comentó en un principio su preocupación de ser condenado por su militancia cátara, Pierre le respondió convincentemente “Vayámonos, hermano y partamos, en busca de la salvación de nuestras almas”. Pierre, formó un grupo junto con Guillaume, Pierre Raymond, Prades y Amiel hacia el año 1299, con la determinación de alejarse de la vida tranquila, a fin de emprender una labor misionera, que pudiera preservar al conjunto de los cátaros supervivientes, en el intento de lograr su antiguo esplendor. Pero no era una tarea fácil, teniendo en cuenta la estrecha vigilancia a que eran sometidos, obligándoles a actuar clandestinamente, yendo con sigilo de una casa a otra, o bien recorriendo largas distancias de noche y durmiendo de día, incluso dejándose ver en horas diurnas con mucho sigilo, ejerciendo sus oficios artesanales acostumbrados por los cátaros, y como diríamos hoy, “sumergidos”.

Aun tomadas todas las precauciones, existían episodios delatorios o traiciones, como el perpetrado por un tal Guilleume Dejean, un beguino de Pamies, el cual llegó a ofrecer sus servicios a los cátaros, eso si, como agente doble a fin de poder acceder a la confianza de los frailes, haciéndoles ver a estos la facilidad de infiltrarse entre los perfectos, para de esta forma poder delatarlos a los inquisidores, parece ser que nada de esto era cierto, pero bastó para sembrar la desconfianza de dos creyentes, matando a Dejean, arrojando su cuerpo a un barranco.

En evitación de estos desmanes Los Autier, por medio de Sibille den Baile, tenían reservado un granero subterráneo como escondite para ocultarse, en cuyos lugares podían llevar a cabo con más seguridad sus labores predicadoras, así como otros sótanos, asegurando su supervivencia.

Por esta causa, la “endura” entra a formar parte de la vida cotidiana entre los cátaros, muy importante para ellos ya que tras el “consolament”cuyo rito consistente en un rezo por medio de unos versos, imposición del libro sagrado sobre la cabeza del moribundo y bajo el brazo, autorizándole tan solo agua fresca sin ningún otro alimento, tras lo cual se aplicaba la “endura” facilitándose el tránsito de su alma al paraíso, así como la expulsión del diablo de su cuerpo, causante de todos los males de este mundo. En el caso de no fallecer seguidamente o al poco tiempo, el “consolament” era considerado sin ningún efecto, por ello los enfermos al sentir llegado sus últimos momentos tenían especial interés en aplicar la “endura”, puesto que según la creencia del catarismo, ya no era posible recibir el “consolament” nuevamente. Unido esto a la difícil posibilidad en muchas ocasiones de los obispos cátaros, en la llegada a tiempo para la asistencia de los enfermos terminales, los cuales confiaban en la creencia de verse libres de todo pecado.

A pesar de los esfuerzos realizados por Los Autier, el fin definitivo del catarismo se previa cercano, ya que las carencias de sus obispos empezaron a ser muy evidentes, por la escasez de sus efectivos a más de los intensos controles y persecuciones por parte de los inquisidores, se unía todo ello a la gran influencia de su principal enemigo, Jacques Fournier, el cual hilaba más fino en ocuparse en primer lugar, sobre la destrucción moral de los cátaros, el tener en cuenta primordialmente su doctrina herética, sin dejar descuidada la persecución sistemática de cuantos tuviera a su alcance.

Los Autier iban perdiendo terreno a causa de su radicalización, los constantes episodios de traición dentro de sus propias filas, unido ello a las declaraciones testimoniales que el miedo al castigo, por el fuego, facilitaban la labor de los inquisidores Geoffrey d'Ablis, Bernard Gui o del propio Fournier. Además Los Autier tenían en contra la escasa instrucción de sus creyentes, facilitando caer en las trampas tendidas por la Inquisición. Por otra parte el mismo Pierre Autier, por miedo a ser inculpado y del consiguiente castigo, no decidía en exponerse a la defensa de sus adeptos, desconfiando considerablemente en su fe por la revitalización del catarismo, tal y como se comprometió al principio de sus intervenciones.

Por las variadas razones expuestas anteriormente, más el anquilosamiento producido por la rigidez de la doctrina cátara, condicionó fue la caída precipitación del movimiento religioso, que intentó evitar la “Leyenda de los Autier”. La última tragedia se produjo cuando su jefe Pierre Autier, fue apresado y conducido a la hoguera el 10 de abril del año 1310, no sin antes declarar ante los presentes, que si le dejaran predicar a la muchedumbre, él los convertiría a su fe, así como tantas veces había predicado así: “Hay dos Iglesias, la una huye y perdona, la otra posee y despelleja...”