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EL PAPA INOCENCIO III

HISTORIA DE LOS CÁTAROS: PROTAGONISTAS EN LA CRUZADA CONTRA LOS CATAROS

EL PAPA INOCENCIO III

Personajes importantes que se vieron involucrados en las luchas contra los cátaros

El Conde Giovanni Lotario de Segni, nacido en Agnani el año 1160, en el seno de la noble familia Conti, de Lombardía, apoyado por su tío el papa Clemente III, nombrándole cardenal a los 29 años, cursando estudios de teología en la Universidad de París, y derecho canónico en la antigua Universidad de Bolonia, fue ascendido al Solio Pontificio, el día 8 de enero del año 1198, a los 37 años de edad, tomando el nombre de Inocencio III.

Inocencio III, fue quizás el papa mas representativo y prestigioso de la Edad Media, ya que con tesón y trabajo reforzó la Iglesia, distinguiéndose en hacerse valer, por todos los emperadores y reyes europeos, de moral austera, heredado de sus nobles pasados, aplicó su estricto evangelismo, erigiéndose como árbitro por encima de cualquier gobernante, resolviendo cuantas dificultades se le presentaron, en cuestiones religiosas, así como el arbitrio en cuanto a las causas matrimoniales, separaciones, anulaciones, u otros problemas que se le presentaron en su papado.

Inocencio III, fue probablemente el primer papa en atribuirse el título de “Vicario de Cristo”, lo cual le proporcionaba una fuerza moral tremenda, sobre todo en una época en que la Iglesia estaba atravesando momento difíciles, en terreno religioso, por el resurgir de las herejías ya antiguas, sobre todo el auge de los cátaros, tuvo que hacer frente al poderío musulmán, impulsando la cuarta Cruzada a Tierra Santa.

El papa de buenas dotes diplomáticas, anexionó a Roma, Rávena, los Marcos, Ancona y Spoleto. Convocó el IV Concilio de Letrán el año 1215, para remodelar la Iglesia, y al mismo tiempo sentar las reglas jurídicas de la Inquisición como arma religiosa y política, en la erradicación de las herejías, principalmente la de los cátaros, no ahorrando medios para aniquilarlos, que además los veía como principales competidores y enemigos de su propio estatus religioso.

Inocencio III, tenía una visión pesimista y negativa sobre la condición humana, tal y como en una ocasión se lo comentó al rey de Francia, su principal aliado, a pesar de que una vez lo excomulgó al pretender anular uno de sus matrimonios, y tras una acto de arrepentimiento, el papa volvió a acogerlo en el seno de la Iglesia.

El desencadenante de la cruzada contra los cátaros, fue propiciada por el asesinato del legado papal Pere de Castellnou, que Inocencio III lo atribuyó al conde Ramón VI de Tolosa, otra razón más para inclinarle al comienzo de la cruzada, fue la inquina contra el arzobispo de Narbona Berenguer, al cual acusaba el papa de ser un tirano, cruel, impío, hombre pestilente e insensato, del que decía , no conocer otro Dios que el dinero, acusándole de apropiarse de todas las rentas de las iglesias del Languedoc, avocando a esta región a todos los males que padecía.

Aunque Inocencio III exageró en las apreciaciones referentes al obispo de Narbona, no iba muy desencaminado, puesto que Berenguer, ciertamente era un personaje muy ambicioso, que no dudaba en procedimientos poco ortodoxos, cuando de su economía personal se trataba.

La Iglesia ciertamente atravesaba, momentos difíciles, por cuanto tenía que batallar contra el auge islamista de los árabes, que ocupando los lugares santos de Palestina, ponía en dificultades a todos los cristianos que habitaban en dichas tierras, por lo que Inocencio III, impulsó la cuarta cruzada en Tierra Santa, y teniendo en cuenta el auge que las principales herejías estaba teniendo en Europa, sobre todo los cátaros, se dispuso a cortar de raíz la herejía de los cátaros, apelando a una movilización contra ellos.

Inocencio III, en un principio, dio su apoyo incondicional a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden dominica y a San Francisco de Asís, creador de los franciscanos y clarisas, para que con sus predicaciones, hicieran volver al redil a todos aquellos que seguían la herejía cátara, y a sus simpatizantes, pero a pesar del entusiasmo que en ello aplicaron, los resultados fueron casi inapreciables.

Dado el fracaso del intento pacífico de redimir a los cátaros, como a sus adeptos, el papa Inocencio III, quiso poner remedio por la vía de las armas, a cuyo fin recabó la ayuda del rey de Francia Felipe II Augusto, el cual no quiso inmiscuirse directamente el la lucha, por los muchos problemas que sus ejércitos ya tenía, con las revueltas interiores, y las continuas guerras con Inglaterra.

Felipe II de Francia, no obstante dio su consentimiento en la organización de una cruzada contra los cátaros, siendo en primer lugar Arnau Amalric, como jefe de los cruzados, que posteriormente nombró a Simón de Montfort, como sucesor de la cruzada contra los cátaros.

Inocencio III, asistió a las primeras victorias de los cruzados contra los cátaros, con satisfacción, no obstante su prematura muerte no le dejó ver el fin de la herejía cátara, puesto que a los 56 años le sorprendió la muerte, el 16 de agosto del año 1216, en Perugia.