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DIVERGENCIAS ENTRE LA IGLESIA Y LOS CATAROS

HISTORIA DE LOS CÁTAROS: LA PERSECUCION DE LOS CATAROS

DIVERGENCIAS ENTRE LA IGLESIA Y LOS CATAROS

Los cátaros como tantos otras herejías fueron perseguidos, pero con mas ahinco por el gran peligro que suponía hacia sus perseguidores.

Es notorio que existen divergencias entre las distintas clases de credos, en todas las épocas de la historia humana. Llegando a comportar disputas, diferencias de opiniones e incluso guerras entre los diferentes grupos, inherentes en la condición de cualquier cultura, aunque en muchas ocasiones supone un grave quebranto en la sociedad donde estas tienen lugar.

Ya desde el siglo X hasta bien entrado el siglo XIII, Europa y en especial el sur de Francia hubo un choque religioso-cultural e incluso se puso a prueba la estabilidad político-financiera. Los dos irreconciliables contendientes de estos desequilibrios se llevaron a cargo entre la Iglesia y las herejías del momento, sobre todo tuvo especial relevancia la irrupción de los cataros en la vida del Languedoc y la Provenza, la parte más rica del sur del país.

Los cataros viendo una Iglesia socavada por su inmovilismo y baja moral de sus componentes, quisieron promover un nuevo sentido espiritual, verdaderamente muy avanzado para su época. Partiendo de una idea tan antigua como simple, la dualidad basada en el concepto del bien y del mal, de la que ya intuía Zaratustra, un profeta legendario muy discutido por el filósofo Nietsche. Los cataros fueron desarrollando esta filosofía en contraposición de la Iglesia católica ya un tanto desprestigiada.

En un principio para la Iglesia fue consideradas tales divergencias un acto desviatorio de la fe cristiana, a todos cuantos no se ajustaban a su doctrina, por lo que les dieron poca importancia, catalogando sus creencias como una herejía, de las muchas que afloraron en aquella y otras épocas. No obstante el catarismo se iba afianzando, adquiriendo fuerza no ya solo entre el pueblo llano, sino en altas esferas de la sociedad. !! Peligro !! encendiéndose una luz roja a la Iglesia triunfante, representaba un choque ante sus inamovibles dogmas por las que era necesario luchar. Los privilegios de la cristiandad estaban en peligro, y su “estatus quo” se tambaleaba peligrosamente, tanto en sus poderes religiosos como en el dominio político. Puesto que el Languedoc era una provincia francesa mucho mas avanzada en todos los sentidos, donde la orientación autonómica estaba muy desarrollada.

Una de las principales posturas de los cataros, consintió en la no aceptación del Antiguo Testamento, si admitían el Nuevo Testamento sobre el cual realzan las enseñanzas de Cristo, señalándolo como todo un ejemplo a seguir por la potente ética y moral humana desprendidas de sus enseñanzas, dejando obsoletas las leyes dictadas por la Iglesia Católica. Los cataros rechazan los sacramentos, y la resurrección de los muertos, puesto que su credo les brinda la salvación del alma por medio del Consolamiento, siendo de esta forma perdonados todos los pecados, y por ello ganarse la gloria de Dios, al ser el cuerpo un bagaje temporal perteneciente al diablo, que la muerte liberaría.

Los cataros concebían la esencia del igualitarismo y el repudio hacia la jerarquía, por tanto rechazaban el fasto litúrgico al igual que la existencia de los santos, y desde luego las indulgencias, todo ello tan afín a la Iglesia Católica.

El papa Inocencio III (1198-1216), se dio cuenta inmediatamente del comportamiento erróneo y el mal ejemplo de un catolicismo en crisis, que se perdía en la aplicación estricta de los dogmas. Para Inocencio III el catarismo no consistía en una de tantas ideas doctrinales, sino que calificándolo como una herejía perniciosa, le confirió la importancia que le merecía, no como un simple desvío doctrinal. Es por ello que el papa tomó la iniciativa en crear un frente a fin de atajar el peligro que ello representaba, nombrando predicadores entre las ordenes mendicantes, esto es franciscanos y dominicos, siendo estos últimos los más eficaces en contrarrestar el catarismo. Los franciscanos amparándose en sus retiros monacales, se fueron poco a poco inclinando hacia el trabajo artesanal, el estudio, la copia de libros y documentos, en los scriptorium de los monasterios.

Ya antes de que Inocencio III, decretase la aniquilación de los cataros, hubo en el siglo XII otro importante divergente de la ortodoxia católica. Pedro de Bruys (1117-1131) sacerdote católico maniqueo, tuvo importantes divergencias con la Iglesia. Lo mas significativo fueron las críticas contra los católicos declarando a estos corruptores y vivir al margen de sus doctrinas por carecer de contenido espiritual, contrario igualmente al bautizo de los niños recién nacidos. Pedro de Bruys, aceptaba solamente los evangelios, rechazando al igual que los cataros toda riqueza y poderes mundanos, tampoco admitía los santos ni los templos cristianos. Pedro rechazaba la crucifixión como medio de salvación, declaración esta que enfureció a la multitud quemándolo en la misma pira que Pedro de Bruys pretendió incinerar varias cruces de madera.

En consecuencia de estas grandes divergencias Inocencio III creó oficialmente la Inquisición, por lo que significó el principio del fin de la herejía catara.